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Próximos trabajos y la importancia de un entrenador para DD

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Desde hace bastante tiempo no encuentro buenas noticias sobre David Duchovny, de ahí que no haya hablado del actor desde hace semanas, pero para hoy (y rascando mucho) saco alguna cosa curiosa.

Gracias a “X-Files News” descubro que el norteamericano participará por partida doble en el “Tribeca Film Festival”. Por un lado moderará como invitado una charla tras la película “Revenge Of The Electric Car”, un film que trata de ofrecer una visión cercana de empresas como Nissan, General Motors o Tesla Motors y su competición por crear modelos de coches eléctricos. Este encuentro tendrá lugar el 23 de Abril, así que esperamos fotos.

Por otro lado, y en el mismo evento, nos descubren que el actor ha puesto su voz a un personaje del corto “The Beaufort Diaries”. Allí da vida a un oso polar obligado a abandonar su casa y trasladarse a Hollywood. Una crítica sobre el calentamiento global y la destrucción de los hábitat naturales, todo ello mientras habla del crecimiento personal y la necesidad de elegir prioridades. Un cortometraje curioso en su concepción del que os adelanto un Trailer.

Por último, y gracias a scubi Lur27, os dejo un texto muy personal escrito por el propio Duchovny en “The Wall Street Journal” y también sacado de “X-Files News”. Un más que interesante homenaje del actor a una persona que cambió su vida.

Lo que hace un buen entrenador.

El actor David Duchovny habla del entrenador que enseñó a un reservado, asustado y aparentemente indiferente adolescente lo que realmente importa.
Por: David Duchovny

Para mí siempre fue el Entrenador Byrnes. Como si su nombre de pila fuera “Entrenador”. Cuando escuchaba a los demás profesores llamarle Larry me sonaba fatal, como una falta de respeto. Puede que Larry fuera su nombre de pila, pero su esencia, su verdadero nombre, era Entrenador.

Entré en el instituto pensando en jugar a baloncesto, pero también estaba asustado por no cumplir con las expectativas académicas y poco dispuesto a que los deportes me quitaran horas de estudio. Mi futuro era un castillo de naipes cuyos cimientos eran una beca para una prestigiosa escuela privada en Manhattan llamada Collegiate. Si no aprobaba, pensé, eso acarrearía una reacción en cadena que me llevaría a acabar en la cuneta en algún momento. Tenía 14 años y estaba asustado.

El programa de Baloncesto era un desorden absoluto. En mi segundo año,  éramos entre 5 y 18 jóvenes. Nuestra equipación, de rayas verticales naranjas y azules con botones en los tobillos, parecía la parte de abajo de un disfraz de payaso sacada directamente de la colección Tony Manero de otoño del 78.

Sólo me importaba cuantos puntos marcaba. Llevaba el pelo largo sujeto tan solo con una cinta de felpa. No sabía lo tonto que parecía. Juraba en voz alta a menudo cuando fallaba un tiro o discrepaba con los árbitros. Fuera de la cancha era callado y educado. En la cancha, era un idiota. Mi comportamiento decía “No me importa nada.”. Mi padre había dejado a mi madre hacía un par de años. Supongo que tenía problemas.

En mi tercer año, apareció el entrenador Byrnes. Medía 1,95. Parecía un hombre. Me dijo que me cortara el pelo porque jugaría mejor si podía ver. Me dijo que dejara de jurar y que focalizara esa furia en mis ganas de ganar. Me dijo que no celebrara cuando marcaba un tiro importante, que pareciera que ya lo había hecho antes. Lanzas tiros a la campana, eso es lo que haces.

El entrenador Byrnes me dijo que yo merecía la pena y que era bueno y podíamos ganar. Me hablaba como si yo fuera alguien sobre quien contar una historia, haciéndome partícipe de ella. Mi padre había desaparecido por aquel entonces, y ahora había un hombre que me respetaba exigiéndome que me respetara a mí mismo y al juego. Nunca supe si le caía bien. Eso no era importante. Vio potencial en mí y comencé a respetarme.

Eso es lo que hace un buen entrenador. Te llena de una creencia que puede o no estar justificada. Mientras haces el camino de algo no demostrado al logro, del potencial a la realidad; un buen entrenador te lleva de la mano de una manera tan experta que ni siquiera sabes que te están guiando. Fui mejor porque el entrenador Byrnes me dijo que era mejor. Fue simple, como un truco de magia. Y cada triunfo que he obtenido desde entonces tiene algo de esa magia, en las manos de buenos profesores o en la astucia de la voz dentro de mí que ellos inculcaron.

Dejó de importarme cuantos puntos marcaba. Incluso hacía algo de juego defensivo (aunque algunos discrepan sobre ello). Peleaba por pelotas perdidas,  cogía rebotes. Estaba aprendiendo lo que significaba querer ser bueno por otra persona. Ser bueno por una idea, por un equipo.

Por eso, después de tanto tiempo, algunos hombres lloran hablando del equipo del instituto que competía en lo que el entrenador Carill, mi entrenador de Princeton, llamaba “la liga de los calcetines de rombos”. No importaba que no estuviéramos ni cerca de los primeros. Éramos lo mejores que podíamos ser. Y una vez que has probado eso lo demás es amargo y falso. Ya no te engañas a ti mismo.

Solo pasé dos temporadas, unos 50 partidos, con el entrenador Byrnes ¿Cómo pudo marcarme tanto en tan poco tiempo? Esa es la genialidad de un entrenador. Te hablan entre líneas pero luego los llevas contigo fuera de ellas.

Tengo un recuerdo, no de ganar, que se olvida, sino de perder, que duele y permanece. En mi tercer año perdimos un partido importante contra un antiguo rival. Podíamos haber ganado si hubiéramos jugado perfectamente. No nos atragantamos, simplemente no pudimos terminar el juego son fuerza. Era una derrota respetable pero devastadora.

Tras el juego, todos estábamos reunidos en el vestuario esperando al entrenador Byrnes.  Me sentía como si le hubiéramos fallado. La puerta del vestuario de abrió y el entrenador Byrnes entró. Puso su mano en el corazón y dijo “Una pinta de sangre. De aquí.”.

Fue un simple gesto, un poco cursi, pero cierto. Alguno de nosotros empezamos a llorar. Nos había dado permiso para que nos importara tanto un partido como para llorar por ello. Ahora que tengo mi propia familia, parece ridículo que importe un estúpido partido de hace tanto tiempo, pero también había sangre en ello. El entrenador Byrnes aun nos enseñaba tras la bocina, me enseñó a mí, un reservado, asustado y aparentemente indiferente adolescente que los hombres pueden preocuparse así. Nadie tenía la culpa, pero sin embargo dolía como si así fuera – como muchas cosas en la vida, como aprendimos más tarde.

No lo recuerdo, pero creo que lloré. Espero que lo hiciera. Tengo ganas de llorar solo recordándolo. Eso es un entrenador, un auténtico entrenador.”

Comentarios

3 Comentarios en “Próximos trabajos y la importancia de un entrenador para DD”
  1. quequeeg dice:

    Era el Guardiola de David!!

    Cuánta razón tiene en todo lo que dice a veces una gesto de confianza de alguien que parece un desconocido vale mas que todo el oro del mundo. Esas lecciones se guardan de por vida ojalá todos tuvieramos o hubieramos alguien así en nuestras vidas desde luego seríamos mejores personas y el mundo, quizás, iría un poco mejor.

  2. Lur27 dice:

    Oyeeee… No es por fastidiar, pero lo traduje yo… XDDD

  3. Germán Orts dice:

    ^^

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